
“Todos los años hay un campeón, pero no siempre hay un gran campeón”. Ese gran campeón ha estado ocho veces, ¿le tocaría una vez más?
La Gran final. El último paso, tal vez el más importante, lo único cierto es que había que darlo. El escenario era perfecto. Una cancha pareja, de césped natural, la familia de cada uno había ido a apoyarlos, a poder ver realizado el objetivo, a ver que el sacrificio había valido la pena. Una vez más se demostró, que la 92’, es más desde un inicio, de tan solo ver la gente alentaba no al otro equipo, sino en contra de la 92’, era hermoso, era el contexto perfecto para conseguir el noveno. Ambos tenían camisetas parecidas, sin duda alguna la que tuvo que cambiársela fue la de menos historia, la 99’, el rival a vencer.
Se comenzó el calentamiento, nuevamente haciéndose sentir desde un inicio, demostrando que existe amor. Ese amor que te lleva a cambiarte a pesar de que sabes que no puedes jugar porque estas expulsado, ese sentimiento que te hace venir desde otra provincia a jugar la final y una vez que finalice el partido tener que regresar, esa locura incomprensible solo se hace por este equipo. Se juntaron todos, las palabras del capitán se comenzaron a escuchar y el ‘9’ Oliva lanzó una frase estupenda: “Ganar no es una opción, es una decisión”, y vaya que se sabe decidir. Así salieron los de la 92’ con la camiseta de ‘Argentina’ en busca de seguir haciendo historia.
El partido comenzó, rodó la pelota y la final no se juega, se gana. Esa fue la actitud del equipo en la primera parte, no había ninguna excusa: ni el físico, ni los dolores, nada, esa Copa tenía que ser la novena. El primer tiempo fue todo de Canisio 92’. Sin ninguna llegada clara, pero sí con el control del partido, manejando el balón, proponiendo su estilo de juego. Mientras que el otro equipo metido atrás, esperando alguna oportunidad. Así finalizaron los primeros 30’ minutos.
El entretiempo sirvió para calmarse, para poder hablar unas cosas puntuales y salir a terminar el partido en el tiempo reglamentario. Fue un segundo tiempo raro, no se abrieron los espacios, no se generó juego, ambos equipos cayeron en la desesperación. Un juego trabado, con fuertes faltas de ambos cuadros, haciéndose sentir, y todo un público que seguía hinchando para que la 92’ perdiera, ¿habrá valido la pena el esfuerzo? A los 12 minutos del segundo tiempo, una buena jugada entre Daniel Temple y Edgardo Oliva, fue la ocasión más clara de gol, pero el remate salió desviado por encima del travesaño y seguía cero a cero. En la última jugada del partido, un tiro libre a favor de la 99’, la defensa ‘albiceleste’ entró en confusión al igual que el arquero y uno de los rivales no tuvo la convicción necesaria para añadirla y la pelota se fue hablándole al parante derecho, salió desviada y eso fue lo último, era la hora de los penales.
Ambos equipos habían llegado a la final mediante esta definición, era la hora de los temidos (por algunos) penales. También llegó nuevamente la hora de que la función del arquero de la 92’, Pepe Morzán, comenzará. El primero en patear fue Temple, él dice que siempre va primero para que sí sucede lo inesperado, sus amigos lo salven, felizmente no sucedió y fue gol. El de ellos no entraría a las redes, se quedaría en las manos del “Ataja Penales”. Llegó la hora de la ‘figura’, el 10 Valderrama fue tranquilo, caminando, acomodó el balón, espero que el arquero se tire y gol, aumentaba la ventaja. Nuevamente una pelota más en las manos de Morzán y seguía ampliándose la diferencia, cada vez el triunfo estaba más cerca. Llegaría la hora del central, Efrain Salas acomodó la pelota y ejecutó un fuerte disparo al ángulo superior derecho, un remate que hizo que algunos piensen que no entraba, pero fue gol. Una vez que la pelota entró en las redes, corrió hacía su familia, en signo de gratitud, eso que todos sentimos y es a ellos a quienes debemos agradecerle y dedicarle lo que estaba a punto de lograrse. Luego le marcarían el único gol al número uno y llegaría la hora. Tras una rara, pero efectiva corrida, el ‘9’ Oliva colocaría la pelota al palo derecho del arquero y marcaría el definitivo, sí señores la 92’ recuperaba el título, ese que nunca debió perder, o como diría el ‘10’-porque dice que no le digan figura- “Mucha gente nos dirá que hemos vuelto a campeonar, yo les digo: No hemos dejado de serlo”, y es que la 92’ está hecha para triunfar. Está hecha para campeonar.
La celebración comenzó y en la cancha solo se quedaron los campeones, todos los que vinieron a unir fuerzas para que esta familia no lograra el objetivo, todos ellos tuvieron que irse como vinieron, con la cabeza abajo, nuevamente no lo habían conseguido y es que los obstáculos no son más que un condimento del triunfo. Eso es lo importante, que se superaron esos obstáculos juntos, como uno solo.
Así se cierra un campeonato increíble, un campeonato en el que no se supo de derrotas, solo de victorias y empates. Un campeonato que es el noveno y espero que no sea el último.
No me queda nada más que decirles esto y con ello me despido, esta es una forma de demostrarles el agrado de haber podido conocer a este maravilloso grupo de amigos que simplemente se reúne a jugar fútbol y que en eso, tan sencillo, se demuestra la calidad de la amistad.
La Gran final. El último paso, tal vez el más importante, lo único cierto es que había que darlo. El escenario era perfecto. Una cancha pareja, de césped natural, la familia de cada uno había ido a apoyarlos, a poder ver realizado el objetivo, a ver que el sacrificio había valido la pena. Una vez más se demostró, que la 92’, es más desde un inicio, de tan solo ver la gente alentaba no al otro equipo, sino en contra de la 92’, era hermoso, era el contexto perfecto para conseguir el noveno. Ambos tenían camisetas parecidas, sin duda alguna la que tuvo que cambiársela fue la de menos historia, la 99’, el rival a vencer.
Se comenzó el calentamiento, nuevamente haciéndose sentir desde un inicio, demostrando que existe amor. Ese amor que te lleva a cambiarte a pesar de que sabes que no puedes jugar porque estas expulsado, ese sentimiento que te hace venir desde otra provincia a jugar la final y una vez que finalice el partido tener que regresar, esa locura incomprensible solo se hace por este equipo. Se juntaron todos, las palabras del capitán se comenzaron a escuchar y el ‘9’ Oliva lanzó una frase estupenda: “Ganar no es una opción, es una decisión”, y vaya que se sabe decidir. Así salieron los de la 92’ con la camiseta de ‘Argentina’ en busca de seguir haciendo historia.
El partido comenzó, rodó la pelota y la final no se juega, se gana. Esa fue la actitud del equipo en la primera parte, no había ninguna excusa: ni el físico, ni los dolores, nada, esa Copa tenía que ser la novena. El primer tiempo fue todo de Canisio 92’. Sin ninguna llegada clara, pero sí con el control del partido, manejando el balón, proponiendo su estilo de juego. Mientras que el otro equipo metido atrás, esperando alguna oportunidad. Así finalizaron los primeros 30’ minutos.
El entretiempo sirvió para calmarse, para poder hablar unas cosas puntuales y salir a terminar el partido en el tiempo reglamentario. Fue un segundo tiempo raro, no se abrieron los espacios, no se generó juego, ambos equipos cayeron en la desesperación. Un juego trabado, con fuertes faltas de ambos cuadros, haciéndose sentir, y todo un público que seguía hinchando para que la 92’ perdiera, ¿habrá valido la pena el esfuerzo? A los 12 minutos del segundo tiempo, una buena jugada entre Daniel Temple y Edgardo Oliva, fue la ocasión más clara de gol, pero el remate salió desviado por encima del travesaño y seguía cero a cero. En la última jugada del partido, un tiro libre a favor de la 99’, la defensa ‘albiceleste’ entró en confusión al igual que el arquero y uno de los rivales no tuvo la convicción necesaria para añadirla y la pelota se fue hablándole al parante derecho, salió desviada y eso fue lo último, era la hora de los penales.
Ambos equipos habían llegado a la final mediante esta definición, era la hora de los temidos (por algunos) penales. También llegó nuevamente la hora de que la función del arquero de la 92’, Pepe Morzán, comenzará. El primero en patear fue Temple, él dice que siempre va primero para que sí sucede lo inesperado, sus amigos lo salven, felizmente no sucedió y fue gol. El de ellos no entraría a las redes, se quedaría en las manos del “Ataja Penales”. Llegó la hora de la ‘figura’, el 10 Valderrama fue tranquilo, caminando, acomodó el balón, espero que el arquero se tire y gol, aumentaba la ventaja. Nuevamente una pelota más en las manos de Morzán y seguía ampliándose la diferencia, cada vez el triunfo estaba más cerca. Llegaría la hora del central, Efrain Salas acomodó la pelota y ejecutó un fuerte disparo al ángulo superior derecho, un remate que hizo que algunos piensen que no entraba, pero fue gol. Una vez que la pelota entró en las redes, corrió hacía su familia, en signo de gratitud, eso que todos sentimos y es a ellos a quienes debemos agradecerle y dedicarle lo que estaba a punto de lograrse. Luego le marcarían el único gol al número uno y llegaría la hora. Tras una rara, pero efectiva corrida, el ‘9’ Oliva colocaría la pelota al palo derecho del arquero y marcaría el definitivo, sí señores la 92’ recuperaba el título, ese que nunca debió perder, o como diría el ‘10’-porque dice que no le digan figura- “Mucha gente nos dirá que hemos vuelto a campeonar, yo les digo: No hemos dejado de serlo”, y es que la 92’ está hecha para triunfar. Está hecha para campeonar.
La celebración comenzó y en la cancha solo se quedaron los campeones, todos los que vinieron a unir fuerzas para que esta familia no lograra el objetivo, todos ellos tuvieron que irse como vinieron, con la cabeza abajo, nuevamente no lo habían conseguido y es que los obstáculos no son más que un condimento del triunfo. Eso es lo importante, que se superaron esos obstáculos juntos, como uno solo.
Así se cierra un campeonato increíble, un campeonato en el que no se supo de derrotas, solo de victorias y empates. Un campeonato que es el noveno y espero que no sea el último.
No me queda nada más que decirles esto y con ello me despido, esta es una forma de demostrarles el agrado de haber podido conocer a este maravilloso grupo de amigos que simplemente se reúne a jugar fútbol y que en eso, tan sencillo, se demuestra la calidad de la amistad.
"Gracias por tanto, perdón por tan poco Canisio 92’"
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