Se jugaban los cuartos de final de un campeonato de ex-alumnos del Colegio de La Inmaculada. Se enfrentaban la promoción 92’ (Ocho veces campeón) y la 2001’. Un partido con antecedentes, todos favorecían a los mayores. El premio del campeonato no es económico, no es un viaje, no es un carro, es más que eso, es el honor y el prestigio. Dos cosas por las que se puede dar la vida.
Un sol radiante alumbraba la tarde del sábado, un césped recién cortado, público en la espera de un gran partido y de que su equipo gané. La 92’ vestía el uniforme de Argentina, haciendo honor a lo clásico y a la historia con la que cuenta. Mientras que el rival a vencer, la 2001’, contaba con un uniforme “rastafari”, el de Ghana de los años 80’s, en busca de hacer historia. Cada promoción se encargó de pasar la voz para llevar más gente, para sentirse más, sin embargo a la hora del pitazo inicial eran veintidós guerreros en busca de vencer la batalla.
El partido tuvo un comienzo trabado, muchas imprecisiones en ambos equipos y los nervios eran quienes se apoderaban de los jugadores. Poco a poco los encargados de generar fútbol fueron apareciendo y con ellos las ocasiones de gol, sin embargo no se concretaban. Pero como el fútbol no es de merecimientos, tras un error de los de “Argentina” llegó el gol de “Ghana”, a los 20 minutos del primer tiempo. Uma falla en salida y una gran definición de Javier Aguayo abrió el marcador y puso a los de la 2001 arriba. Así finalizó la primera parte.
En el entretiempo hubieron dimes y diretes en el experimentado equipo. Ahí aparecieron los líderes y salió la garra y la historia de esa promoción que tal vez es la más conocida del campeonato. Los guerreros salieron dispuestos a ganar no la batalla sino la guerra, eran conscientes de que iban perdiendo, pero eso no sería excusa para no lograr el objetivo que se habían propuesto seis meses atrás.
A los pocos minutos del inicio del segundo tiempo, Daniel Temple, el extremo derecho de la 92’ recibió una falta y generó la expulsión del número 7 del otro equipo. Fue el empujón que hacía falta. En el resto del encuentro solo hubo un equipo en la cancha. Los de “Argentina” se fueron encima, hubo varias ocasiones de gol pero el balón no cruzaba la línea final. Hasta que a falta de diez minutos para el final llegó el respiro. El “Che” Oliva decretó el empate tras un buen servicio, controló la pelota dentro del área y definió con borde interno al palo más lejano del arquero. La celebración es indescriptible en palabras. Estuvo llena de saltos, gritos, arengas, pero lo más resaltante fue el abrazo con sus dos hijos. Pero todavía había más emoción, dos minutos después la promoción Canisio 92’ demostró por que tiene ocho campeonatos en su haber. Nuevamente el “Che” recibiría un pase en profundidad y tras un amague al arquero y un resbalón incluido remataría al arco con la fuerza no sólo de él, sino de todo un grupo que ansía conseguir el noveno campeonato. La celebración sería aún mayor, todos los nervios, las angustias fueron expulsadas en ese momento. El partido siguió su curso pero el joven equipo no mostró respuesta alguna. La historia se repetía. Sería un nuevo triunfo para la 92’ y el sueño de la revancha seguía en pie. Las palabras del capitán fueron las adecuadas: “Hemos ganado por amor propio”. Y así finalizó un encuentro digno de cuartos de final, un partido que tuvo de todo y que los experimentados lograron ganar la guerra.
Aún faltan dos pasos para lograr el noveno campeonato, pero el esfuerzo realizado ya los hace ganadores. Un grupo de amigos que se junta a jugar fútbol, pero son esas cosas, tan sencillas, en donde se muestra el verdadero compromiso y el valor de la amistad.
Un sol radiante alumbraba la tarde del sábado, un césped recién cortado, público en la espera de un gran partido y de que su equipo gané. La 92’ vestía el uniforme de Argentina, haciendo honor a lo clásico y a la historia con la que cuenta. Mientras que el rival a vencer, la 2001’, contaba con un uniforme “rastafari”, el de Ghana de los años 80’s, en busca de hacer historia. Cada promoción se encargó de pasar la voz para llevar más gente, para sentirse más, sin embargo a la hora del pitazo inicial eran veintidós guerreros en busca de vencer la batalla.
El partido tuvo un comienzo trabado, muchas imprecisiones en ambos equipos y los nervios eran quienes se apoderaban de los jugadores. Poco a poco los encargados de generar fútbol fueron apareciendo y con ellos las ocasiones de gol, sin embargo no se concretaban. Pero como el fútbol no es de merecimientos, tras un error de los de “Argentina” llegó el gol de “Ghana”, a los 20 minutos del primer tiempo. Uma falla en salida y una gran definición de Javier Aguayo abrió el marcador y puso a los de la 2001 arriba. Así finalizó la primera parte.
En el entretiempo hubieron dimes y diretes en el experimentado equipo. Ahí aparecieron los líderes y salió la garra y la historia de esa promoción que tal vez es la más conocida del campeonato. Los guerreros salieron dispuestos a ganar no la batalla sino la guerra, eran conscientes de que iban perdiendo, pero eso no sería excusa para no lograr el objetivo que se habían propuesto seis meses atrás.
A los pocos minutos del inicio del segundo tiempo, Daniel Temple, el extremo derecho de la 92’ recibió una falta y generó la expulsión del número 7 del otro equipo. Fue el empujón que hacía falta. En el resto del encuentro solo hubo un equipo en la cancha. Los de “Argentina” se fueron encima, hubo varias ocasiones de gol pero el balón no cruzaba la línea final. Hasta que a falta de diez minutos para el final llegó el respiro. El “Che” Oliva decretó el empate tras un buen servicio, controló la pelota dentro del área y definió con borde interno al palo más lejano del arquero. La celebración es indescriptible en palabras. Estuvo llena de saltos, gritos, arengas, pero lo más resaltante fue el abrazo con sus dos hijos. Pero todavía había más emoción, dos minutos después la promoción Canisio 92’ demostró por que tiene ocho campeonatos en su haber. Nuevamente el “Che” recibiría un pase en profundidad y tras un amague al arquero y un resbalón incluido remataría al arco con la fuerza no sólo de él, sino de todo un grupo que ansía conseguir el noveno campeonato. La celebración sería aún mayor, todos los nervios, las angustias fueron expulsadas en ese momento. El partido siguió su curso pero el joven equipo no mostró respuesta alguna. La historia se repetía. Sería un nuevo triunfo para la 92’ y el sueño de la revancha seguía en pie. Las palabras del capitán fueron las adecuadas: “Hemos ganado por amor propio”. Y así finalizó un encuentro digno de cuartos de final, un partido que tuvo de todo y que los experimentados lograron ganar la guerra.
Aún faltan dos pasos para lograr el noveno campeonato, pero el esfuerzo realizado ya los hace ganadores. Un grupo de amigos que se junta a jugar fútbol, pero son esas cosas, tan sencillas, en donde se muestra el verdadero compromiso y el valor de la amistad.
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